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La Historia de la Computación en la Argentina

La historia de la computación en Argentina está fuertemente influida - probablemente más que ninguna otra ciencia exacta o natural - por los avatares de la política nacional. En efecto, al ser la más nueva de las disciplinas del campo de las ciencias "duras", fue la más sensiblemente afectada por los acontecimientos políticos sucedidos en nuestro país entre 1966 y 1983 y, por más que se intente una reseña "aséptica" que trate de utilizar los criterios más "neutros" posibles, si no se tiene en cuenta el daño terrible que provocaron las dictaduras militares a su incipiente desarrollo se tendrá una visión totalmente distorsionada de la realidad. Tratemos entonces, teniendo en cuenta este comentario, de hacer un breve (y por supuesto muy incompleto) resumen de la historia de la computación en Argentina.

Entre todas las figuras que contribuyeron a la creación y afianzamiento de la computación en nuestro país hay una que se destaca nítidamente: el Dr. Manuel Sadosky. En efecto, al reorganizarse la Universidad de Buenos a la caída de Perón en 1955, Sadosky se incorporó a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales como profesor del Departamento de Matemática y comenzó a plantearse el desarrollo de la matemática aplicada en el país. En esa época la mayor parte de los científicos veían la computadora esencialmente como un aparato que podía hacer cuentas muy rápido con muchos números (lo cual, por supuesto, es cierto) y por consiguiente como una herramienta espectacular de apoyo a las demás ciencias, y en particular a la matemática aplicada. La década 1956-66, considerada con justicia como la "década de oro" de la Universidad de Buenos Aires, mostró un desarrollo impresionante en la Facultad de Ciencias Exactas, desarrollo en el cual la ejecutividad de su Decano, el Dr. Rolando V. García, tuvo una importancia fundamental y que, dadas las permanentes dificultades presupuestarias y burocráticas de las instituciones estatales, parece realmente inverosímil. En 1957 la Facultad comenzó la construcción de su nuevo edificio - el Pabellón I - en la Ciudad Universitaria, como parte de un plan ambicioso de llevar la Universidad - o por lo menos varias de sus Facultades - a dicho campus. Simultáneamente, Sadosky planteó dos ideas cruciales: obtener una computadora para la Facultad, que sirviera tanto para tareas científicas como de servicio para diversos usuarios, y crear un instituto de matemática aplicada, que sirviera de base institucional al uso de la computadora. El Instituto, denominado Instituto de Cálculo, comenzó a funcionar orgánicamente en 1960, y fue definitivamente aprobado por el Consejo Superior, como primer Instituto de la Universidad en su nueva reglamentación, en 1962; Sadosky fue su director desde su fundación hasta el golpe del 66. En cuanto a la computadora, es interesante el proceso de gestación de su incorporación a la Facultad: en primer lugar, hubo que decidir si se compraba o si se fabricaba en nuestro país. En realidad, las dos ideas siguieron adelante: hubo en la Facultad de Ingeniería un proyecto de desarrollo de una computadora propia, a cargo del Ing. Ciancaglini, discontinuado luego del golpe del 66, amén de un proyecto similar en la Universidad Nacional del Sur dirigido por el Ing. Jorge Santos, que describimos más abajo, y simultáneamente la Facultad de Ciencias Exactas decidió comprar una. Se formó una comisión, integrada por los Dres. Sadosky, González Domínguez y Altman, que preparó el llamado a licitación pública internacional, al cual se presentaron cuatro firmas: IBM, Remington y Philco de Estados Unidos y Ferranti de Gran Bretaña. Decidida la compra de la computadora Mercury de la firma Ferranti (para la cual un grupo de científicos de la Universidad de Manchester había creado un lenguaje de programación, Autocode, fácil de aprender y amigable para aplicaciones científicas), se pidió un subsidio al recién creado Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), para afrontar la compra.

El hecho de que el Dr. Rolando García fuera el Vicepresidente del CONICET ayudó a que el mismo aprobara el pedido, a fines de 1958, por un monto de 152.099 libras esterlinas, y todo se hizo como un mecanismo de relojería: el edificio del Pabellón I estaba en construcción, y parte del mismo debía estar habilitado para cuando se trajera la máquina, que se instaló en enero de 1961. Entretanto, se comenzaron a formar los futuros analistas y programadores, el Ing. Oscar Mattiussi fue enviado durante un año a la Universidad de Manchester en 1960 para entrenarse en el mantenimiento de la máquina, y el Ing. Jonas Paiuk estuvo tres meses en Manchester en los laboratorios de Ferranti. Cuando comenzó la instalación de la computadora vino de Manchester la profesora Cicely Popplewell a completar la capacitación del personal local. Rápidamente se entrenaron programadores de las distintas universidades nacionales (e incluso de Montevideo) e institutos de investigación. A partir de entonces, y hasta 1966, la computadora fue usada intensamente por los grupos de investigación en matemática aplicada del Instituto de Cálculo (en economía matemática, investigación operativa, estadística, mecánica aplicada, análisis numérico, sistemas de programación y lingüística computacional, dirigidos respectivamente por Oscar Varsavsky, Julián Aráoz, Sigfrido Mazza, Mario Gradowczyk, Pedro Zadunaisky, Wilfredo Durán y Eugenia Fisher), por los otros grupos de investigación de la Facultad y de otras universidades e institutos científicos y por usuarios externos a los que proveyó de servicios arancelados que permitieron financiar las investigaciones y los becarios.

Aquí aparece el tercer proyecto fundacional de la computación en Argentina, también llevado adelante por Sadosky: la creación de la carrera de computador científico, presentada al Consejo Directivo de la Facultad en 1962, y aprobada definitivamente por el Consejo Superior en 1963. La carrera -la primera de computación del país - tenía menor duración que las tradicionales licenciaturas, y su objetivo era formar "auxiliares de científicos": programadores, analistas, etc., que pudieran integrarse a la comunidad científica; aparte, la carrera serviría para que las empresas - que ya comenzaban a instalar computadoras con fines administrativos - pudieran contratar personal que no fuera necesariamente formado por dichas empresas, con los defectos que dicho proceso tiene. Sobre esta idea se crearon otras carreras en las demás universidades existentes (en esa época había ocho universidades nacionales, más la Universidad Tecnológica Nacional) como, por ejemplo, la carrera de calculista científico de La Plata.

Los párrafos anteriores pueden hacer pensar que el desarrollo de la computación estaba basado exclusivamente en Buenos Aires; esto no es así, y para comprobarlo basta describir el ya mencionado proyecto del Ing. Santos en Bahía Blanca. A fines de 1956, antes de que la Universidad Nacional del Sur cumpliera un año de vida, Santos constituyó el Seminario de Computadores con alumnos avanzados de la carrera de Ingeniero Electricista, germen del actual Laboratorio de Sistemas Digitales del Departamento de Ingeniería Eléctrica y Computadoras. Al volver Santos de una estadía en Manchester entre 1959 y 1960 con una beca del CONICET para estudiar diseño lógico de computadoras, su grupo comenzó a trabajar en el desarrollo de una computadora pequeña y en investigación en álgebras multivariadas y su implementación electrónica. La construcción de la máquina se suspendió cuando, tras ser derrocado Frondizi por el habitual golpe militar en 1962 el subsidio del cual dependía fue interrumpido. Por si eso fuera poco, los principales integrantes del grupo fueron dejados cesantes en 1976 por la dictadura militar, con lo cual el grupo desapareció hasta que, en 1987, Santos retornó a la Universidad y armó un nuevo grupo a partir de cero.

La actividad computacional, tanto profesional como académica, estaba, a mediados de la década del sesenta, en pleno desarrollo en el país, con un crecimiento marcado por el entusiasmo de sus cultores, tanto profesionales originarios de otras disciplinas como jóvenes estudiantes y flamantes graduados e incluso idóneos, cuando se produjo la grave catástrofe del golpe de estado del Gral. Onganía contra el gobierno constitucional del Dr. Illia en junio de 1966 y la consecuente intervención a las universidades nacionales un mes después, con el agravante, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, de la salvaje intervención policial conocida como "Noche de los Bastones Largos". Si bien es perfectamente conocido el daño que dicha intervención causó a la educación superior y a la ciencia argentina en general, no necesariamente se tiene idea de hasta dónde esa intervención fue una catástrofe para la informática, ya que destruyó por entero el desarrollo universitario de la flamante disciplina en un momento crucial de su evolución en el mundo: el personal del Instituto de Cálculo, por ejemplo, renunció en su totalidad. En esa época la computación comenzaba a tener envergadura de ciencia y tecnología autónoma (baste recordar que el primer curriculum de la ACM es de 1968) y todo ese período se perdió en nuestro país. En Buenos Aires, en particular, cabe observar que la computadora, cuyo cambio ya estaba en estudio, cayó en desuso y la carrera se dictó durante casi quince años sin equipamiento computacional propio; la creación de la licenciatura en computación en Buenos Aires debió esperar hasta 1982. Los alumnos debían utilizar la computadora IBM 360 instalada en el Hospital Escuela, o la de la Facultad de Ingeniería que, a principios de la década del setenta creó, por iniciativa del Ing. Jáuregui, la carrera de analista de sistemas que se convirtió, en los ochenta, en una licenciatura en análisis de sistemas.

Durante el largo período de dictaduras militares entre 1966 y 1983 - sólo interrumpidas entre 1973 y 1976 por los accidentados gobiernos justicialistas de entonces - la computación universitaria tuvo más desarrollo en el interior que en Buenos Aires. En efecto, en esa época se crearon muchas universidades nuevas en distintas localidades del país, y en varias de dichas universidades se crearon carreras de computación. Algunas de esas carreras de computación tuvieron un sesgo mucho más moderno y actualizado que las de Buenos Aires; cabe mencionar sobre todo la carrera de Tandil, en la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, y la carrera de la Universidad Nacional de San Luis. En el desarrollo de programas universitarios modernos vale la pena mencionar, sin que la lista sea exhaustiva, el rol protagónico de Hugo Rickeboer, Armando Haeberer, Jorge Aguirre y Jorge Boria; y hoy el prestigio que tienen esas carreras debe mucho a dicha impronta en su origen. Pero todos estos meritorios esfuerzos no estuvieron enmarcados en una política de estado para informática, en una época en la cual casi todos los países la impulsaron: una mancha adicional a las muchas atribuibles a las dictaduras militares nacionales. Hubo que esperar la restauración democrática en 1983 para que se planteara una política de estado, en la cual nuevamente aparece la figura de Manuel Sadosky, ahora como Secretario de Estado de Ciencia y Tecnología, Secretaría que contaba con una Subsecretaría de Informática. Desde la Secretaría, Sadosky impulsó la creación de la Escuela Superior Latinoamericana de Informática (ESLAI) un intento de crear un instituto universitario, de muy alta calidad, de tres años de duración con las características del Instituto Balseiro, pero en informática, con veinte alumnos argentinos y diez alumnos de otros países latinoamericanos por año, todos becados para estudiar con dedicación exclusiva; cabe mencionar que nunca hubo estudiantes chilenos o brasileños, lo cual muestra que la disciplina ya estaba más desarrollada en estos países vecinos que en el nuestro. Todos los estudiantes debían tener segundo año aprobado en alguna carrera universitaria de ciencias o de ingeniería, e ingresaban tras un riguroso examen de admisión. La ESLAI funcionó hasta 1990, en que fue a todo efecto práctico cerrada por el defecto congénito de haber sido una idea del gobierno anterior: todo un ejemplo de cómo NO tener política de estado en informática. Se puede intentar evaluar el enorme daño que este cierre produjo observando el efecto positivo que tuvo la incorporación de varios de sus graduados a la docencia e investigación en el país, la actividad profesional de alto nivel que otros desarrollan, y el futuro desempeño de sus estudiantes no graduados, que debieron cambiar de universidad para terminar sus estudios. Y eso con apenas tres promociones de graduados.

En la década del noventa la investigación se afianzó en varias universidades, se iniciaron los programas de doctorado (el primer doctor se graduó en San Luis), y se avanzó notoriamente en la calidad de los estudios, de la preparación de los flamantes profesionales, y de las investigaciones. Sin embargo, los problemas profundos se mantienen: no hay política de estado en un área crucial para el desarrollo del país, o sea las actividades de investigación y desarrollo dependen fundamentalmente del esfuerzo personal e institucional en las distintas universidades. Mientras esta situación no cambie, los proyectos estarán a merced de los avatares políticos y económicos de Argentina, los cuales, como es de público conocimiento, no permiten un excesivo optimismo.

Este artículo intenta ser el comienzo de una investigación sobre la historia de la computación en nuestro país, por lo cual el autor agradece todos los comentarios y observaciones que se le hagan. El autor agradece además al Ing. Jorge Santos sus valiosos comentarios sobre la Universidad Nacional del Sur aunque, por supuesto, es responsable exclusivo de las opiniones acá vertidas. Una descripción detallada de los primeros años del Instituto de Cálculo puede consultarse en la entrevista a Sadosky (Cinco años del Instituto de Cálculo de la Universidad de Buenos Aires) de Ciencia Nueva, 3, Nro. 17, pág. 13-18, junio de 1972.


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Fuente de consulta:

Copyright Sociedad Argentina de Informática e Investigación Operativa

Autor:

Pablo M. Jacovkis es doctor en matemáticas por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es profesor del Departamento de Computación y Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y se especializa en modelos matemáticos computacionales en dinámica de fluidos, especialmente hidrodinámica, hidráulica fluvial e hidrología. Fue muchos años consultor privado y ha sido además Director del Instituto de Cálculo y Secretario Académico de la Facultad de Ciencias Exactas, y Director del Departamento de Matemática de la Facultad de Ingeniería de la UBA, Facultad de la cual es actualmente profesor titular.