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Visita nuestra sección Notas de Actualidad, en esta oportunidad pusimos dos notas sobre el software libre en Argentina y que se espera para el futuro. Hace Click aquí





Software Libre: el Camino Hacia el Futuro:

En estos últimos años, el software libre, o por lo menos la percepción de lo que verdaderamente es el software libre, se ha convertido de una utopía marginal originariamente reservada a apasionados de informática en remerita y chancletas, en un fenómeno mundialmente emergente que está revolucionando profundamente el panorama del software en todos los dominios, y también en los ambientes mucho más formales de las grandes empresas y de los gobiernos, adonde los usuarios, los defensores y los programadores de software libre cambiaron su remerita y sus chancletas por saco y corbata.

¿Qué es el software libre? Como pasa con cada gran invención, la noción original, introducida por Richard Stallman a principios de los años 80, ha sido retomada, modificada y adaptada por una variedad de actores, pero el concepto fundamental permanece invariable: para ser libre, el software tiene que estar acompañado de cuatro derechos fundamentales otorgados a quienes lo reciben.

El derecho de utilizar el software sin ninguna restricción (compárese con la restricción en número de usuarios de ciertos paquetes de correo electrónico, sistemas operativos o bases de datos);
el derecho de inspeccionar el software, adaptarlo y modificarlo sin restricciones, lo que implica el acceso libre al código fuente (compárese con las condiciones draconianas (económica y estratégicamente) impuestas a quién intenta obtener acceso al código fuente de programas propietarios);
el derecho de distribuir libremente copias del programa (compárese con la práctica común en las grande empresas de software mundial);
el derecho de distribuir libremente el código fuente eventualmente modificado del software recibido.
Estos "derechos" están claramente codificados en la licencia que protege al software libre (y que es una aplicación seguramente sopresiva, pero perfectamente lícita del derecho de autor).

Sin embargo, las variadas licencias que se encuentran hoy en día difieren largamente en los "deberes" que corresponden a esos derechos: la General Public Licence originaria de Richard Stallman considera que es deber de quién recibe software libre el transmitir intactos los derechos que recibió cuando transmite el software (ya sea modificado o no); en el otro extremo, licencias como la del consorcio X no exigen prácticamente nada a cambio de los derechos concedidos a quién recibe el software (y sería técnicamente incorrecto utilizar el término software libre para esos casos, por lo cual se prefiere hablar de "open source", término más general, que voy a utilizar de acá en adelante). Entre esos dos extremos hay un espectro muy vasto de licencias, casi siempre concebidas en respuesta a exigencias particulares de la comunidad que utiliza ese software; pero lo que es claro es que si los cuatro derechos fundamentales expuestos antes no están garantizados, no se puede hablar de software libre ni de open source (un ejemplo particularmente límpido de lo que *no* es open source, aunque intente hacerse pasar por equivalente, es la licencia "shared source" propuesta por una gran multinacional norteamericana notoriamente enemiga del movimiento open source).

Esos cuatro derechos son la razón fundamental del éxito del software libre en particular y del open source en general: ellos permiten a los usuarios del software volver a ser actores, después de varias decenas de años de humillante sumisión, y retomar el control de la evolución de la tecnologia de la cual muchas veces sus empresas, su trabajo, su investigación, su economía dependen cada vez más, sin correr el riesgo de ver todo su esfuerzo quedar obsoleto cada vez que en una oficina a miles de kilométros distancia se decide, por razones que no interesan al usuario, algún cambio en el software propietario al cual está atado. Disponiendo del código fuente, y del derecho de modificarlo y distribuirlo, cada usuario puede, si quiere, elegir la empresa, pequeña, mediana o grande, que va a realizar los cambios que él necesita. Y además, puede compartir esos cambios con la comunidad de usuarios, mutualizando el costo de desarrollo y mantenimiento. Si todavía queda alguien que no cree en el potencial humano enorme que el acceso al código fuente sabe liberar, una simple visita al sitio (http://www.brlspeak.net/) de Osvaldo La Rosa, persona maravillosa, quién sin disponer de la vista logró concebir una distribución Linux de fácil acceso para otros no videntes, tendría que sacarles las últimas dudas. Por otra parte, el usuario también puede, si el software le conviene así, seguir usándolo por décadas sin que nadie pueda imponerle cambiar de versión (los usuarios de Windows NT y 2000 van a vivir otra vez está interesante experiencia en los próximos meses, ya que el producto "no existe más", y no se pueden comprar más licencias para su uso).

El aceso libre al código fuente permite crear ingenieros más calificados, sin costos prohibitivos en formaciones o certificaciones industriales cuyo valor va a volverse cero a la próxima versión del software propietario. Varios análisis económicos mostraron cómo el uso de software libre permite invertir en servicios los recursos originariamente dedicados a las licencias propietarias, y los servicios, a diferencia de las licencias propietarias, significan más empleos calificados y de proximidad.

Empresas multinacionales muy conocidas impulsan hoy el uso de software open source, a veces incluso en simultáneo con su propio software, porque sus mismos clientes se los piden. Todo esto no es más hoy argumento de discusión, sino conocimiento común; pero la novedad de estos últimos tiempos es que ahora son las administraciones públicas, los estados mismos, los que manifiestan un interés profundo en el software open source en general. Francia fue uno de los primeros países en formular propuestas de ley que favorecen la utilización de software libre en el estado; Alemania firmó este año un acuerdo con una empresa muy grande para facilitar la transición de la administración pública hacia software libre; Italia muestra por fin un gran interés en el software open source por el potencial de crecimiento económico para sus pequeñas y medianas empresas; Bélgica evalúa en este momento dos proyectos de ley favoreciendo al software libre; España sigue de cerca; China y Korea ya están muy adelantadas por ese camino, y en America Latina también hay interés de la administración pública y de los responsables políticos acerca de esta temática. Por supuesto, los argumentos generales expuestos arriba siguen siendo válidos para el estado y la administración pública. Pero hay unas cuantas consideraciones adicionales que vuelven el software libre no sólo *interesante*, sino prácticamente *indispensable* en el contexto de la administración pública. Vale la pena destacar algunas de ellas.

Ecumenismo tecnológico:
Una empresa privada es libre, aunque ello no sea muy inteligente, de excluir algunos clientes potenciales del acceso a la información que proporciona por medio de las nuevas tecnologías (por ejemplo, muchos sitios web en Argentina están realizados de manera tal que sólo son accesibles utilizando ciertos navegadores, que corren sobre un único sistema operativo). En cambio, el estado no: si existen (y efectivamente existen) estándares libres que permiten el libre intercambio de información entre todo tipo de sistema informático, no tiene derecho de imponer al ciudadano el uso de tal o cual sistema propietario para comunicarse con el estado. No nos olvidemos en este marco el problema de los discapacitados, de los disminuídos visuales y los no videntes, quienes, para acceder al Web, necesitan usar navegadores en modo texto (como Lynx) y no pueden sacar ningun provecho de las animaciones, imágenes y otros efectos especiales que tanto entretienen a quien mira más la forma que la sustancia.

Seguridad y confidencialidad:
El estado tiene la obligación legal de garantizar la seguridad de las informaciones sensibles (defensa, justicia, etc.) y la confidencialidad de las informaciones privadas (salud, etc.) contra cualquier utilización ilícita. No alcanzan unas invitaciones a visitar lujosos cuarteles generales norteamericanos para lograr que responsables competentes de la administración pública olviden que la disponibilidad irrestricta de acesso y modificación del código fuente es un prerrequisito indispensable para lograr esos fines.

Almacenamiento a largo plazo:
El estado tiene la responsabilidad de almacenar y garantizar la integridad de la información por lapsos de tiempo larguísimos (piénsese en los documentos del registro civil, que en Francia tiene que mantener sus datos por ley por más de tres siglos). Sin aceso libre al código fuente de los programas utilizados para crear y manipular esa información, no hay posibilidad alguna de garantizar que la misma será utilizable dentro de diez años, y menos aún dentro de siglos.

Garantía de igualidad de oportunidades:
Muchos países pasaron años invertiendo cifras astronómicas para financiar la adquisición de computadoras último modelo (caras hoy, pero devaluadas en pocos meses), con software propietario a veces ofrecido a precio reducido hoy, pero cuyas licencias hay que empezar a pagar mañana a precio pleno, y que muchos estudiantes no pueden permitirse adquirir legalmente para usar en su casa. El balance de esas experiencias es la de un gasto enorme para poco o ningún resultado, sólo amortizado por la costumbre de haber incitado a generaciones de educadores y estudiantes a copiar ilegalmente el software que no pueden comprar.
Hoy en día, la disponibilidad creciente de software libre está produciendo cambios significativos, y en muchísimos lugares surgen iniciativas como compilaciones de índices de software libre de interés pedagógico (http://logiciels-libres-cndp.ac-versailles.fr, http://www.e-lib.it/), creación de distribuciones Linux (o FreeBSD, etc.) de fácil aceso para los estudiantes (www.demolinux.org, http://logiciels-libres-cndp.ac-versailles.fr/distribution.html, http://www.ututo.org/), concepción de sistemas de software libre de gestión de la infrastructura educativa (http://www.ac-grenoble.fr/carmi-internet/slis/ descr.html), y muchas más. Todas tienen en común una idea sencilla, pero poderosa: para garantizar el libre acceso a los conocimientos en las escuelas, se necesita un libre acceso al software, y eso no se logra si no a través del software libre.

Control de las inversiones:
La administración pública, en casi todos los países del mundo, es el primer usuario de nuevas tecnologías. La mutualización de costos y el control estratégico de la evolución tecnológica que el software libre permite se encuentran multiplicadas en el cuadro público en relación al marco privado, por un simple fenómeno de escala. Un ejemplo concreto: ¿cuánto más sencilla hubiera sido la gestión de la producción de los DNI en Argentina, si esa toma de conciencia de la necesidad del software libre hubiera advenido antes de que el estado argentino firmese el contrato con la empresa que luego no le entrega el código fuente de los programas necesarios al control de la producción de esos DNI?
Esas consideraciones ya explican ampliamente el interés mundial en el software libre de las administraciones públicas, y de las políticas de los estados. Pero quiero concluir este artículo mencionando un hecho aún más interesante en los países que atraviesan dificultades económicas importantes: contrariamente a la industria tradicional y a la tecnología de punta en electrónica, aeronáutica y dominios similares, el desarrollo de software no necesita enormes inversiones de capitales en infrastructura cara y disponible sólo en el extranjero. Para desarrollar software, los recursos más valiosos son el tiempo, la inteligencia y la pasión, a condición de tener acceso a la información (el código fuente); todos éstos son recursos disponibles en gran cantidad en países como China e India, que apuntan desde hace un tiempo al software como un eje estratégico de desarrollo, y que no por casualidad impulsan enérgicamente la utilización de software libre. Los países de America Latina poseen esos mismos recursos, y Argentina en particular: son recursos impalpables, pero más valiosos a largo plazo que todos los pozos de petróleo. Si la administración pública argentina sigue el camino de las administraciones públicas europeas, que ya empiezan a desplegar software libre incluso aunque la enorme base ya instalada de software propietario complica la tarea, no solamente obtendrá todas las ventajas inmediatas y concretas expuestas arriba, sino que también creará los presupuestos económicos para el desarrollo de una industria de servicios en software libre sana y poderosa.


Fuente de consulta:

Copyright Sociedad Argentina de Informática e Investigación Operativa

Autor:

Roberto Di Cosmo ( http://www.dicosmo.org, roberto@dicosmo.org ) es Doctor en Ciencias de la Computación de la Universidad de Pisa, Italia, y actualmente se desempeña como Profesor en la Universidad de París VII, siendo miembro del laboratorio PPS, y como investigador en el INRIA.
Anteriormente fue miembro del equipo "Lambda Calcul Typé" del laboratorio LIENS, en la École Normale Supérieur ( ENS) y del Departamento de Matemáticas e Informática (DMI). Es una autoridad mundial en el tema de software libre, siendo autor del artículo "Trampa en el Ciberespacio", y coautor del libro "Le Hold-up planétaire: la face cachée de Microsoft" ("Secuestrando el mundo: el lado oscuro de Microsoft", traducido al inglés como "Hijacking the World: The dark Side of Microsoft"), además de sus numerosas publicaciones científicas.